A día de hoy, a pesar de los grandes avances que se están produciendo en el área de la medicina, el cáncer sigue representando todo un reto para los pacientes y los profesionales sanitarios que lo enfrentan. Definido por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) como una enfermedad que se presenta cuando las células se multiplican sin control y dañan a los tejidos que las rodean, esta afección se encuentra en el punto de mira en lo que respecta al desarrollo de tratamientos que la combatan de forma efectiva. Y justamente, entre esos innovadores métodos, aparece la terapia de células T con receptores quiméricos de antígenos (Chimeric Antigen Receptor, en inglés), también conocida como terapia CAR-T. 

El tratamiento con células CAR-T equivale a un proceso de inmunoterapia celular indicado para atacar y combatir tumores líquidos y no localizados, como los hematológicos. Estos cánceres son difíciles de localizar porque se mueven a través de la sangre, lo que hace que tratamientos como la radioterapia – mucho más localizada – no sean tan efectivos. Sin embargo, el tratamiento CAR-T, que une terapia celular y terapia génica, solventa esa limitación, lo que lo convierte en un método útil y efectivo a la hora de tratar tumores líquidos. 

Una imagen de un microscopio electrónico de barrido de la sangre humana en circulación normal. Los glóbulos blancos aparecen como elementos redondos de superficie irregular.

Imagen de un microscopio electrónico de barrido de la sangre, donde los glóbulos blancos aparecen como elementos redondos de superficie irregular. Fuente: NCI

La metodología del tratamiento es muy sencilla: busca preparar a las células T, una clase de glóbulos blancos (células inmunes), dotándolas así de las herramientas necesarias para detectar y destruir las diferentes células cancerosas que están provocando la enfermedad. Esa preparación se produce en el laboratorio tras la extracción de las células inmunológicas del cuerpo del paciente, que posteriormente se vuelven a introducir en el paciente. 

La base de este tipo de terapias se encuentra en el propio funcionamiento del organismo. Así, el sistema inmunitario humano es capaz de reconocer sustancias ajenas a nuestro organismo, lo que denominamos antígenos. Las células T del sistema inmune cuentan receptores con capacidad de reconocer esos antígenos, desencadenando una cascada de acciones que lleva a su eliminación. En algunos casos las células T no son capaces de reconocer de manera adecuada los antígenos. 

La terapia CAR-T se presenta como una gran alternativa para el tratamiento de tumores líquidos que no han tenido buena respuesta ante terapias más convencionales. El primer paso de esta terapia avanzada es obtener las células T de la sangre del paciente. Mediante edición genética, se les añade un gen adicional que codifica el receptor conocido como receptor quimérico de antígenos (CAR), el cual proporciona a las células T la capacidad reconocer un antígeno específico de las células cancerosas. Una vez la edición se completa, las células se devuelven al paciente para que puedan responder ante la enfermedad. 

Ahora bien, a lo largo de los último 5 años, el éxito de las terapias CAR-T en el tratamiento de mielomas múltiples, leucemias de células B y linfomas, ha generado la necesidad de buscar un tratamiento paralelo que la convierta en una solución también válida para el tratamiento de tumores sólidos. Bajo este claro objetivo se sitúa el proyecto CAR-M-anti-EGFR, liderado por investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC) y con la participación de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), de Galaria Empresa Pública de Servizos Sanitarios y del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (IDIBELL), como parte del Plan Complementario de Biotecnología Aplicada a la Salud en Galicia. 

Este proyecto busca así afrontar aproximaciones, relacionadas con las terapias CAR-T, mediante el desarrollo y la evaluación de una nueva terapia celular basada en el uso de monocitos, o macrófagos, (llamadas células M que, alteradas, pasarían a ser CAR-M) dirigidos a células tumorales con sobreexpresión de receptores del factor de crecimiento epidérmico (EGFR), una de las mutaciones más comunes en cáncer de pulmón. Se trata de una investigación que combina la innovación, la biotecnología y la medicina en un solo marco con el objetivo de presentar una auténtica revolución para el panorama sanitario a nivel internacional.